Nutrición en oncología. Una buena nutrición en oncología es fundamental, tanto durante el tratamiento como en las etapas previas y posteriores al diagnóstico. El estado nutricional puede influir en la tolerancia a los tratamientos, en la capacidad funcional, en la recuperación y, especialmente, en la calidad de vida de la persona.
Pero hablar de nutrición oncológica no significa únicamente intervenir cuando aparece un cáncer. La prevención también es una parte fundamental de la nutrición. Los hábitos alimentarios, junto con la actividad física, el mantenimiento de un peso saludable, el consumo de alcohol y otros factores relacionados con el estilo de vida, pueden modificar el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer.
Nutrición en oncología y prevención
Prevención
La evidencia científica indica que determinados patrones alimentarios pueden contribuir a reducir el riesgo de algunos tipos de cáncer.
Las recomendaciones internacionales ponen el foco en una alimentación basada principalmente en verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, junto con un consumo limitado de carnes rojas y, especialmente, de carnes procesadas. Existe evidencia sólida de que una mayor ingesta de cereales integrales y fibra se relaciona con un menor riesgo de cáncer colorrectal.
Las frutas y verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y numerosos compuestos bioactivos, como carotenoides, glucosinolatos, flavonoides y otros fitoquímicos que participan en diferentes procesos relacionados con la protección celular.
Por ejemplo, las crucíferas, como el brócoli, la coliflor o las coles de Bruselas, contienen glucosinolatos y sus metabolitos, que están siendo estudiados por sus posibles efectos sobre diferentes mecanismos celulares relacionados con el cáncer.
No se trata, sin embargo, de considerar un alimento concreto como “anticancerígeno”. La prevención depende del patrón alimentario global y del conjunto de hábitos de vida.
También es importante prestar atención al consumo de alcohol. Actualmente existe evidencia sólida de que el alcohol aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer y no se ha establecido un nivel de consumo completamente libre de riesgo para la prevención del cáncer.
Nutrición durante el tratamiento oncológico
Cuando una persona recibe un tratamiento oncológico, mantener un buen estado nutricional adquiere todavía mayor importancia.
El propio cáncer y sus tratamientos pueden favorecer la pérdida de apetito, alteraciones del gusto y el olfato, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, mucositis o dificultad para tragar. Todos estos factores pueden hacer que la persona reduzca considerablemente su ingesta de alimentos.
Como consecuencia, puede aparecer pérdida de peso y, especialmente, pérdida de masa muscular.
La malnutrición y la pérdida de masa muscular son frecuentes en personas con cáncer y pueden asociarse con peores resultados clínicos. Por este motivo, las guías de ESPEN recomiendan realizar un cribado nutricional periódico y actuar de forma precoz cuando existe riesgo nutricional.
La intervención debe adaptarse a cada persona. No existe una única dieta válida para todos los pacientes oncológicos.
En función del tipo de tumor, tratamiento, síntomas, estado nutricional y tolerancia digestiva, puede ser necesario modificar la textura de los alimentos, aumentar la densidad energética de las comidas, fraccionar las tomas o incrementar el aporte de proteínas.
Las recomendaciones de ESPEN señalan que, cuando sea posible, el aporte proteico en pacientes con cáncer debería superar 1 g/kg de peso corporal al día y aproximarse a 1,5 g/kg/día, siempre individualizando según la situación clínica.
Por tanto, preservar músculo no consiste simplemente en evitar que baje el número de la báscula. El objetivo es conservar la mayor cantidad posible de masa muscular y funcionalidad.
En determinadas situaciones también pueden ser necesarios suplementos nutricionales orales u otras formas de soporte nutricional. Estos deben utilizarse cuando existe una indicación concreta y dentro de una estrategia individualizada.
Respecto a los suplementos de vitaminas, minerales, plantas medicinales u otros productos, no deberían incorporarse automáticamente durante un tratamiento oncológico. Algunos pueden presentar interacciones con determinados tratamientos, por lo que es importante valorar siempre su seguridad y compatibilidad con el tratamiento médico.
Después del tratamiento
La nutrición continúa siendo importante una vez finalizado el tratamiento.
Después de una cirugía, quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia u otros tratamientos, el organismo puede necesitar un periodo de recuperación para recuperar fuerza, masa muscular y funcionalidad.
Una alimentación equilibrada, adaptada a las necesidades de cada persona, puede ayudar a recuperar el estado nutricional y favorecer un estilo de vida saludable.
Las recomendaciones internacionales para las personas que han pasado por un cáncer incluyen mantener un peso saludable, realizar actividad física y seguir un patrón alimentario basado principalmente en alimentos vegetales, cereales integrales y legumbres, limitando las carnes procesadas, la carne roja y el alcohol.
Además, cada vez existe más interés en el papel que tienen la alimentación y la actividad física durante la supervivencia. Estudios recientes sugieren que seguir patrones alimentarios saludables puede asociarse con mejores resultados de salud en personas que han pasado por un cáncer, aunque todavía se necesita más investigación para determinar el efecto específico de cada intervención.
Conclusión
La nutrición oncológica no consiste en seguir una dieta concreta ni en buscar alimentos milagrosos.
Consiste en prevenir cuando es posible, detectar precozmente el riesgo nutricional, preservar la masa muscular durante el tratamiento y acompañar la recuperación después del cáncer.
Cada persona y cada proceso oncológico son diferentes. Por eso, la valoración nutricional y el diseño de una estrategia individualizada son fundamentales para adaptar la alimentación a las necesidades, síntomas, tratamiento y tolerancia de cada paciente.
La alimentación no sustituye al tratamiento oncológico, pero sí puede formar parte de una atención integral que ayude a cuidar al paciente durante todo el proceso.
Susagna Muns
Graduada en Naturopatía y Nutrición
Especializada en oncología


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