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Pesticidas y cáncer

Pesticidas y cáncer. La relación entre la exposición a pesticidas y el cáncer es un tema que merece nuestra atención. Los pesticidas son sustancias químicas diseñadas para controlar plagas, hongos o malas hierbas y, dependiendo del compuesto, pueden interactuar con diferentes procesos biológicos del organismo.

Algunos pesticidas pueden producir estrés oxidativo, alterar la regulación hormonal, modificar mecanismos epigenéticos o interferir en procesos celulares relacionados con la reparación del ADN. Por este motivo, determinados pesticidas y otras sustancias químicas ambientales están siendo estudiados como posibles factores de riesgo para diferentes tipos de cáncer.

Esto no significa que el consumo ocasional de un alimento con residuos de pesticidas vaya a provocar cáncer. El riesgo depende de factores como el tipo de sustancia, la dosis, la duración y vía de exposición y las características individuales de cada persona.

¿Qué dicen los estudios sobre los pesticidas?

Un metaanálisis publicado en 2024 analizó 50 estudios sobre exposición a pesticidas y cáncer colorrectal. Los investigadores encontraron asociaciones entre la exposición a herbicidas y un mayor riesgo de cáncer de colon, así como entre determinados niveles de exposición a insecticidas y un mayor riesgo de cáncer de colon y recto (1).

En concreto, la exposición a insecticidas se asoció con un aumento del riesgo de cáncer rectal y determinados niveles de exposición a herbicidas se relacionaron con un mayor riesgo de cáncer de colon. Los autores señalan, sin embargo, que existe heterogeneidad entre los estudios y que son necesarias investigaciones adicionales para comprender mejor esta relación.

Pesticidas y cáncer de tiroides

El cáncer de tiroides es uno de los tumores endocrinos más frecuentes y existe un creciente interés por conocer qué factores ambientales pueden influir en su aparición.

Una revisión sistemática publicada en 2023 analizó la evidencia disponible sobre la exposición humana a pesticidas y el cáncer de tiroides. Se estudiaron diferentes grupos, entre ellos organoclorados, organofosforados, carbamatos, herbicidas, insecticidas y fungicidas (2).

Los resultados de esta revisión mostraron que algunos pesticidas podrían estar asociados con un mayor riesgo de cáncer de tiroides. Entre los compuestos estudiados se encuentran determinados organoclorados, como el DDT, lindano, clordano y hexaclorobenceno (HCB), además de algunos organofosforados y carbamatos.

Una de las hipótesis que se plantea es que determinados pesticidas pueden favorecer procesos de estrés oxidativo y alteraciones en la regulación hormonal de la tiroides, mecanismos que podrían contribuir al desarrollo de alteraciones celulares. Sin embargo, los resultados disponibles no son uniformes para todos los compuestos y, en muchos casos, proceden de estudios observacionales.

Por tanto, la evidencia actual no permite afirmar que un pesticida concreto cause cáncer de tiroides, pero sí plantea una posible relación entre determinadas exposiciones y un mayor riesgo, especialmente cuando la exposición es prolongada o elevada.

EEsto refuerza la importancia de continuar investigando el impacto de los contaminantes ambientales sobre la salud y de reducir, siempre que sea posible, las exposiciones innecesarias.

¿Y qué ocurre con el tejido graso?

Aquí encontramos otro aspecto interesante.

Algunos contaminantes orgánicos persistentes, especialmente los que son lipofílicos, pueden almacenarse en el tejido adiposo. Cuando se produce una pérdida importante de grasa corporal, parte de estas sustancias puede movilizarse y aumentar temporalmente su concentración en sangre.

Una revisión de estudios sobre pérdida de peso observó precisamente este fenómeno: las concentraciones sanguíneas de determinados contaminantes orgánicos persistentes aumentaron después de la pérdida de peso, aunque los propios autores señalan que todavía no está clara la relevancia clínica de este aumento.

Esto es importante porque no debemos interpretar que adelgazar sea perjudicial o que haya que evitar la pérdida de grasa. Al contrario, mantener un peso saludable tiene importantes beneficios para la salud.

Lo que sí nos recuerda es que el tejido adiposo no es solamente un almacén de energía: también puede actuar como depósito de determinadas sustancias lipofílicas presentes en el organismo.

Pesticidas y adenocarcinoma de páncreas

La posible relación entre exposición a pesticidas y cáncer de páncreas también se está investigando.

Dos estudios franceses presentados en las Jornadas Francófonas de Hepatogastroenterología y Oncología Digestiva, mostraron la relación entre la exposición a los pesticidas y el riesgo de padecer cáncer de páncreas, sin embargo se refieren que este riesgo es por acumulación y concretamente a tres sustancias: mancozeb, glifosato y el espray de azufre (3).

Sin embargo, este tipo de estudio tiene limitaciones importantes: analiza exposiciones y tasas de enfermedad a nivel poblacional y no demuestra por sí mismo que una sustancia concreta cause cáncer en una persona determinada.

Embarazo, lactancia e infancia: etapas especialmente sensible

Según el President’s Cancer Panel del National Cancer Institute, las niñas expuestas al DDT antes de llegar a la pubertad aumentan en 5 la probabilidad de desarrollar un cáncer de mama al llegar a una edad mediana.

Durante el embarazo y la infancia existe especial interés en reducir la exposición innecesaria a sustancias químicas ambientales, ya que son etapas de intenso desarrollo y cambios hormonales.

El DDT, por ejemplo, es un pesticida organoclorado actualmente prohibido o restringido en numerosos países. Algunos estudios epidemiológicos han observado asociaciones entre la exposición temprana al DDT y un mayor riesgo de cáncer de mama décadas después. En determinadas cohortes, las mujeres expuestas a niveles elevados de DDT antes de la pubertad presentaron un riesgo considerablemente mayor de cáncer de mama en la edad adulta.

¿Qué podemos hacer?

No podemos eliminar por completo nuestra exposición a las sustancias químicas ambientales, pero sí podemos reducir la exposición innecesaria.

Lavar bien las frutas y verduras, variar los alimentos que consumimos, priorizar productos de temporada y mantener una alimentación rica en vegetales son medidas sencillas que pueden formar parte de un estilo de vida saludable.

La evidencia científica no permite afirmar que los pesticidas sean responsables de todos los casos de cáncer, pero sí justifica continuar investigando su posible papel en determinados tumores y, especialmente, reducir las exposiciones elevadas y prolongadas.

La prevención del cáncer no depende de una única medida. La alimentación, el peso saludable, la actividad física, el consumo de alcohol, el tabaco y la exposición a determinados factores ambientales forman parte de un conjunto mucho más amplio de factores que debemos tener en cuenta.

Susagna Muns
Graduada en Naturopatía y Nutrición
Especializada en oncología y reactivaciones virales

Artículo publicado en https://www.saludterapia.com/articulos/a/3513-pesticidas-y-riesgo-de-padecer-c%C3%A1ncer.html

Referencias:

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